Paraguay, ¿potencia petrolera?

Paraguay contará con “más petróleo que Venezuela” y tendrá la región petrolera más rica de América del Sur. Esto aseguraba el Presidente Federico Franco, al inaugurar actividades exploratorias en la cuenca del Pirity en el Chaco Paraguayo en el mes de diciembre de 2012. También aseguraba que se iniciaba un camino “sin retorno” para el desarrollo del país.

Con todo el respeto a las investiduras presidenciales que existen en nuestra América Latina, cada vez más nuestra clase política nos viene acostumbrando a este tipo de embustes y la demagogia. Lastimosamente lo hacen tanto los denomina-dos neoliberales como los socialistas, sean democráticos, autoritarios o no democráticos. Parece ser la misma sangre.

Frases como las que fácilmente sueltan el Presidente Franco de Paraguay y otros mandatarios de la región definitivamente no son de estadistas y visionarios de largo plazo. Sólo reflejan que están dispuestos a decir cualquier sinsentido para ganar respaldo público, popularidad y votos. Analicemos por qué.

Primero, nos alegra sobremanera que Paraguay avance en exploración petrolera y que en unos años más se sume a los países productores de la región. El importar hidro-carburos golpea muy fuerte las arcas fiscales y por ende a los ciudadanos. La producción de petróleo puede ser pilar para apuntalar ciertas actividades.

En segundo lugar, con el conocimiento geológico que existe a la fecha en la cuenca Pirity en Paraguay y con la tecnología desarrollada, no es responsable sostener que Paraguay tenga más petróleo que Venezuela. Si lo tuviera, todas las grandes empresas petroleras tuvieran oficinas legales en Paraguay como las tienen en México o Venezuela, aunque no inviertan un solo peso, buscando la oportunidad propicia para llegar a la riqueza. Al no ser geólogo, ésta es por ahora la prueba más contundente que tenemos.

Por supuesto, existe algo de potencial y de eso no nos cabe la menor duda. Sin embargo, sólo cuando se haya culminado la sísmica, interpretado la misma, perforado, encontrado y realizado algo más de sísmica y algunos pozos de desarrollo, se podrán dar datos fidedignos y responsables respecto a las reservas. Estamos probablemente a tres o cuatro años de que ello ocurra.

En tercer lugar, supongamos por un momento que Paraguay sí tenga la misma o mejor geología que Venezuela y que las reservas y su potencial sea incalculable. Esto de ninguna manera le aseguraría a Paraguay que sus ciudadanos de a pie y el pueblo en su conjunto tengan mejores días. La tendencia nos señala que los países que producen y exportan materias primas, como los hidrocarburos, en su generalidad, sólo terminan con días más aciagos para sus ciudadanos.

Sólo veamos el caso Venezuela, que en casi cien años de abundante riqueza y producción petrolera, aún tiene altos niveles de pobreza e inequidad, ya sea que gobiernen neoliberales o socialistas. Lo que hace la abundancia de una materia prima es generalmente opuesto a lo que debería pasar. Venezuela, como ejemplo, no produce ni ha producido jamás servicios y productos tecnológicos como lo hacen los países occidentales o como lo están haciendo varios países asiáticos en esta última década. Venezuela no puede siquiera llegar a producir un tercio de los alimentos que consume.

Lo que sí genera riqueza y un camino “sin retorno” al desarrollo de un país (para-fraseando al Presidente Franco) es que el mismo se embarque en un programa de largo plazo para desarrollar educación, ciencia, tecnología y por ende productos y servicios tecnológicos y a la vez se torne en un importador de materias primas (Japón, Suiza, Corea). Como esto es de muy largo aliento y los políticos latinoamericanos viven del miope corto plazo, el fomentar educación, ciencia y tecnología poco está en sus cotidianas frases o en sus proyectos de Estado. Hay muchos otros países donde los hidrocarburos son abundantes (México, Nigeria, Colombia, Ecuador, Angola, Bolivia) desde hace mucho tiempo y que no han sacado de la pobreza a sus ciudadanos por sí solos.

La combinación de programas de largo plazo de educación, ciencia y tecnología es la clave. Pueden ser fomentadas y/o apoya-das por recursos que generan exportaciones de materias primas como lo hace Noruega, por ejemplo. Sin embargo, nuestra realidad latinoamericana nos permite predecir que las exportaciones de materias primas (léase hidrocarburos) sólo sirven para el clientelismo y la demagogia de corto plazo. Los países quedan más empobrecidos, cuando las mismas se agotan o los precios caen.

Paraguay ya vive en carne propia todo esto de la mano de sus proyectos y exporta-ciones de energía eléctrica de las dos grandes centrales hidroeléctricas que comparte con Argentina y Brasil. Muchos ilusos pensaron que estas centrales sacarían a Paraguay de la pobreza, y esto no ha sido así.

Fuente Energia a Debate

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