Pedro Silva Barros: “en la prensa brasileña parece haber más una fanaticada que un análisis” de la crisis venezolana

1888Fotos Xinhua

 

Las noticias sobre la República Bolivariana de Venezuela se intensificaron en las últimas semanas en los medios de comunicación brasileños e internacionales, y en general afirman la existencia de un colapso económico en Venezuela asociado a una “ridiculización” de las acciones tomadas por el gobierno. ¿Serán los problemas  económicos y sociales tan graves en Venezuela?

“En la prensa de Brasil parecen prevalecer las voces de una fanaticada, más que verdaderos análisis”, señala Pedro Silva Barros. PhD en Integración de América Latina (ProlamU. de Sao Paulo) y titular de la misión del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA) en Caracas, Barros explica que los desajustes económicos que Venezuela enfrenta actualmente se deben a factores como la dependencia estructural de la economía a la actividad petrolera, la intensificación del conflicto distributivo y los choques exógenos, como por ejemplo la desvalorización del oro en 2013. Sin embargo, la balanza comercial venezolana continúa superavitaria, además de ser el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, lo supone que el riesgo de un default sea inexistente.

“Sobre la cobertura internacional negativa… la  percepción es que el gobierno, particularmente el presidente, está tomando medidas contundentes contra los comerciantes importadores que recibieron dólares baratos y están remarcando precios de los productos de acuerdo con la variación del dólar paralelo”, añade el técnico de planificación e investigación del IPEA.

-Últimamente la prensa ha reportado de los serios problemas económicos enfrentados por Venezuela. ¿Podemos hablar de una crisis en la economía venezolana? En caso afirmativo, ¿cuáles son sus principales factores y cuáles son sus posibles consecuencias?
-La economía venezolana enfrenta desajustes acentuados este año. Desde la década de 1930, debido a la abundancia de divisas originadas por la actividad petrolera y su inserción especializada en la economía internacional, la tasa de cambio es estructuralmente valorizada y la estructura productiva poco diversificada. Se exporta petróleo y se importa casi todo, particularmente bienes alimentos y bienes de consumo. Este fenómeno disminuyó la productividad y concentró el dinamismo económico y el poder político a los sectores ligados al comercio exterior, generando una cultura rentista. En los años 80 y 90, la crisis de la deuda externa que desestabilizó la economía de varios países en América Latina, aunado a la caída de los precios internacionales del petróleo y la incapacidad de respuesta del modelo político bipartidista vigente en la fecha, conllevaron a una graves crisis social, marcada por los disturbios conocidos como el “Caracazo”. El ascenso del chavismo está directamente relacionado a estos factores y el fracaso de las reformas liberales de la década del 90, cuando Chávez asumió la presidencia de Venezuela sumaba casi dos décadas de crecimiento real per cápita negativo.

En los últimos 15 años, la dependencia petrolera se acentuó y los intentos para fortalecer la producción interna tuvieron un alcance limitado. No se puede omitir de cualquier análisis que el sindicato patronal Fedecámaras y el cuerpo dirigente técnico de Pdvsa orquestaron un golpe de Estado en abril del 2002, y ocho meses después un paro general que duró 70 días. Estos eventos provocaron una polarización sin precedentes, instrumentalizada por el gobierno que refuerza su legitimidad en los momentos de mayor tensión, como en las últimas semanas cuando el ejército tomó las cadenas minoristas para garantizar que el precio de los productos que fueron importados con divisas preferenciales no fueran remarcados. A pesar de que la cobertura noticiaria internacional es negativa, mostrando las filas para la compra de electrodomésticos, este tipo de acciones es muy popular. La percepción es que el gobierno, particularmente el presidente está actuando con contundencia contra los comerciantes importadores que recibieron dólares baratos y están remarcando los precios de los productos de acuerdo con la variación del dólar paralelo.

En los últimos años la inflación estaba alta, comparada con otros países de la región, pero controlada y rondando 20% anual, por debajo del nivel de los dos gobiernos anteriores (Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez). En los últimos meses aumentó el nivel, alcanzando una variación de 50% anual.
Independientemente del aumento del gasto público prolongado (pasando por dos elecciones presidenciales, una de 23 gobernadores y otra de 355 alcaldes en 14 meses), hubo una intensificación del conflicto distributivo, con reajustes frecuentes de salarios, especialmente el mínimo; choques exógenos, como la devaluación del bolívar en febrero pasado y la persistencia inercial, combinadas con ladesvalorización coyuntural del oro en 2013 (73% de las reservas internacionales de Venezuela están denominadas en oro, y cuando el valor del metal cae, el valor total de las reservas disminuye. Sin embargo, están US$10 mil millones por encima de lo que eran en 1998). Al limitar e imponer más condiciones al acceso de divisas, algunos necesarios y en general más restrictivos que aquellos practicados durante el gobierno de Chávez, el cambio paralelo aumentó considerablemente, desequilibrando los precios relativos. No habrá estabilidad de precios en el corto y mediano plazo.
Por otro lado, el país sigue siendo estructuralmente superavitario en la balanza comercial, y tiene las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. La deuda externa de corto plazo está más estable y es menor a las reservas internacionales; la de largo plazo aumentó, pero sigue siendo inferior al equivalente de un año de exportaciones del país, rondando los US$100 mil millones. Con el precio internacional del barril de petróleo por encima de los US$90, la posibilidad de un default técnico es muy baja, y las restricciones presupuestarias del flujo de caja han sido compensadas con nuevos créditos externos, particularmente de origen chino, que comprometen una fracción de las ventas futuras de petróleo para el gigante asiático. Venezuela es el principal foco de la presencia de China en América Latina, en comercio y principalmente en inversiones. En los últimos tres años ha ocupado incluso espacios que Brasil había tenido en el periodo de 2003-2010.
-¿Cuál  es el papel de Brasil para superar esta coyuntura?
-Los dos países se han aproximado en las últimas décadas, establecieron una alianza estratégica en 2005.Entre 2003 y 2012, el comercio bilateral pasó de US$880 millones hasta US$6 mil millones. En ningún otro país hay tantas instituciones públicas brasileras como en Venezuela. Brasil tiene la capacidad de producir buena parte de la demanda venezolana. En el corto plazo, el gobierno brasilero, coordinado porel Ministerio de Desarrollo Industria y Comercio Exterior ya exhibió una disposición a ayudar a Venezuela a superar la escasez de algunos productos básicos. El ministro Fernando Pimentel afirmó expresamente que el gobierno brasileño está dispuesto a ayudar en el combate a la “guerra económica” y que el Brasil de Dilma ayudará a la Venezuela de Maduro a vencer esta nueva batalla, así como Chávez y Lula vencieron tantas otras. Estructuralmente, sin embargo, el aumento del comercio no basta. Hay una asimetría muy grande (este año Brasil debe exportar casi US$5 mil millones mientras que sólo importó US$1.000 millones) que sólo puede ser superada con integración productiva e inversiones en sectores en los que Brasil es estructuralmente deficitario. Hay mucho potencial para integrar sectores productivos y ampliar la cooperación técnica. La producción creciente de coque y fertilizantes para todo el país, abasteciendo de insumos, como el acero, aluminio y polipropileno para el Polo Industrial de Manaos son algunos ejemplos. La logística sin embargo, sigue siendo insuficiente. Desde el punto de vista político, Brasil fue en la década pasada un gran socio comercial de Venezuela. En diciembre de 2002, Brasil garantizó el abastecimiento de gasolina cuando el paro general parecía lograr sus objetivos. En enero de 2003, Lula propuso la creación del “Grupo de Amigos de Venezuela” que, con la participación de EE.UU., México, Chile, Portugal y España, fue decisivo para encontrar una solución pacífica y electoral (referendo revocatorio de 2004 en el cual Chávez fue ratificado como presidente con amplio margen) de la crisis. Venezuela mantiene absoluta confianza en Brasil y su gobierno, que evidentemente tiene todo el interés por la manutención de la estabilidad y de los avances sociales y económicos de toda la región. Además de Brasil, Unasur y principalmente Mercosur están comprometidos con la superación de las dificultades que atraviesa Venezuela.

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-Se sabe que desde algún tiempo existen iniciativas para la concertación política en pro de un aumento de la cooperación y el diálogo Brasil/ Venezuela en la región fronteriza de ambos países. ¿Cuál es el carácter y la importancia de estos desarrollos? ¿Cómo la política brasileña puede influir en las relaciones binacionales Brasil/Venezuela?
-Históricamente, la relación entre los dos países fue de baja intensidad. El primer tratado bilateral, apenas en 1859, definía  los límites y fijaba un marco para la navegación de las cuencas del Orinoco y el Amazonas. No obstante, el primer encuentro presidencial no se produjo hasta 1973. En 1994, los presidentes Itamar Franco y Rafael Caldera firmaron el Protocolo de La Guzmania, que estableció las directrices para la integración física de ambos países, por carretera, aéreo, fluvial y energético. La pavimentación de la BR-174 entre la frontera de Boa Vista y la conexión eléctrica entre la hidroeléctrica Guri, la cuarta más grande en el mundo, y Roraima fueron culminados a principios de 2000. El enlace aéreo regular con el norte de Brasil sólo se logró con vuelos comerciales mensuales a través de la estatal  venezolana Conviasa. La conexión por vía navegable a través del canal Casiquiare , que conecta las dos cuencas  sigue recibiendo poca atención en la agenda bilateral. El estado de Roraima tiene su futuro inevitablemente ligado a la integración con Venezuela y Guyana. Boa Vista está mucho más cerca de Venezuela (230 km) que de Manaos (780 km). Desde Manaos ninguna conexión terrestre con el resto de Brasil se encuentra en buenas condiciones, las condiciones de la BR 319 que conecta Manaos con Porto Velho son muy precarias. La carretera de Santa Elena de Uairén (fronteriza) a Caracas es muy adecuada al volumen de tráfico que la transita, y cuenta con un excelente pavimento. Hoy en día, el principal cuello de botella para el desarrollo del sector agrícola de Roraima es el alto costo de los insumos, que en gran medida podría ser ofrecido por Venezuela, con pequeñas inversiones en la producción y la logística, la modernización de la frontera y la unificación de los procesos aduaneros, que debe facilitarse con el Mercosur.
La planificación del Polo Industrial de Manaos no tuvo en cuenta la integración regional. De los siete vecinos amazónicos, Venezuela es el principal exportador para el polo, pero sólo alcanza el puesto 30 de la lista al incluir a todos los países del mundo. Sin embargo, recientemente parece haber un esfuerzo, tanto con Suframa como Roraima, alentados por el gobierno federal para la integración. Por demanda de los dos países, la misión de IPEA en Venezuela ha desarrollado estudios sobre la infraestructura, el desarrollo de la zona fronteriza y de integración productiva entre el norte de Brasil y Venezuela.
-El ingreso de Venezuela como miembro pleno del Mercosur, en julio del año pasado, generó un gran debate en el momento, aunque el interés de este país por el bloque puede ser trazado  al menos desde la presidencia de Caldera (1994-1999). ¿Usted puede establecer un paralelismo entre las estrategias de integración regional de Venezuela, particularmente en relación con el Mercosur, entre los gobiernos Caldera, Chávez y Maduro? ¿Cómo se relacionan con la política exterior en general y cómo se articulan con los objetivos políticos de Venezuela adoptados en cada periodo?
-Brasil daba prioridad a nivel regional a la aproximación con el Cono Sur, mientras que Venezuela tenía como prioridad el Caribe y la región andina. Desde la década de 1990, hasta 2006, Venezuela intentó promover el acercamiento entre la Comunidad Andina (CAN) al Mercosur como bloques. Con el avance de las negociaciones del tratado de libre comercio entre los países andinos y los Estados Unidos, así como el debilitamiento de la CAN, Venezuela optó por salirse denunciar el tratado y negociar el ingreso como miembro pleno del Mercosur. En los últimos años los dos países han sido los principales protagonistas de la consolidación de Unasur, así como de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Algunas de estas propuestas, sin embargo, ya habían sido formuladas durante gobierno de Caldera, y además del Protocolo de La Guzmania, el canciller venezolano en aquel momento sugirió una asociación entre Pdvsa y Petrobras.

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-Muchas delas empresas ganadoras de la subasta en Campo Libra ya explotaban petróleo en Venezuela en carácter de asociaciones, como por ejemplo la francesa Total. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas (o si prefieres semejanzas/diferencias) entre los modelos adoptados?
-Hay más diferencias que similitudes, en principio, porque la realidad de cada país es diferente, así que el modelo no tiene por qué ser igual. La industria petrolera venezolana fue construida con el apoyo de las empresas transnacionales, especialmente estadounidenses. Venezuela fue en los años 1940 y 1950 el principal proveedor de petróleo a Estados Unidos, sobre todo durante la guerra. En Brasil, en cambio, la industria se ha desarrollado a partir de la creación de Petrobras en el segundo gobierno de Vargas, a pesar de las resistencias externas. Brasil ha enfrentado problemas de restricciones externas en varios períodos que dificultaron la adquisición de insumos para el desarrollo de la industria petrolera. Venezuela casi nunca ha experimentado esos problemas. Las estrategias dependen de las realidades energéticas de cada país, que son diferentes. Durante décadas Brasil ha buscado garantizar su seguridad energética, dirigiendo parte de la producción al mercado interno. Asimismo, el país tiene una estructura productiva diversificada, lograda a partir del gran esfuerzo de sustitución de importaciones. En la década de 1970, Brasil tuvo que ir hasta el mar en busca petróleo, crear el Proálcool, construir plantas de energía nuclear y grandes hidroeléctricas con el fin de equilibrar su balanza comercial en un período de crisis en los precios internacionales del petróleo.
Venezuela, por su parte, es un país monoexportador y la política energética es el núcleo de la integración política y económica internacional. El país es miembro fundador de la OPEP en 1960, así como ha estructurado un amplio programa de cooperación en el Caribe y América Central a través del Acuerdo de San José, 1980, y la creación de Petrocaribe en 2005. Chávez fue determinante para la reestructuración de la OPEP entre  1999 y 2000, al celebrar en Caracas la segunda reunión de jefes de Estado en la historia del cartel. Los precios del petróleo que estaban por debajo de 10 dólares cuando fue elegido en diciembre de 1998, superaron los 20 dólares en la víspera del 11 de septiembre de 2001, cuando cambió los niveles. El activismo internacional de Brasil en esta área es insignificante en comparación con Venezuela.
Otra diferencia es el uso del excedente petrolero. En  Venezuela se utiliza principalmente para financiar políticas públicas, como la vivienda y la salud y la cooperación internacional, principalmente a través de Petrocaribe, mientras que en Brasil, la reinversión en la actividad petrolera y la distribución de las ganancias para la junta accionista son prioridad. Pdvsa es 100% propiedad del Estado constitucionalmente, mientras que Petrobras es una empresa que cotiza en bolsa, aunque el gobierno la controla administrativamente, indicando el sentido de sus sentido políticas. Brasil necesita combinar la necesidad de reinversión, las ganancias de los accionistas y la estabilidad de la inflación, para fijar el precio de la gasolina en la refinería, ya que el consumo es similar a la producción nacional. En Venezuela, la gasolina es casi gratis, con US$1,00 llena el tanque de cualquier vehículo particular y sobra para propinas. El país produce varias veces su consumo, no hay preocupaciones con accionistas, sino con las decisiones políticas del gobierno, que generan ineficiencia energética, y dificultan la planificación del sistema de transporte en las grandes ciudades, aunque universalice el acceso a este bien. El indígena de la comunidad más alejada del delta del Orinoco y el Amazonas venezolano puede utilizar su lancha durante todo el día sin preocuparse por el costo del combustible, lo mismo sucede con los propietarios de los vehículos de 1970, que pesan más de dos toneladas y consumen un litro cada tres kilómetros en las periferias de las grandes ciudades y en zonas rurales. Eso sería impensable en Brasil.
En 1970, Pdvsa fue creada y parte del sector petrolero nacionalizado. A diferencia del caso de Brasil, la nueva burocracia técnica de la empresa estatal fue conformada por los ex empleados de las empresas transnacionales que favorecieron la apertura petrolera  y que promovieron la participación extranjera y la internacionalización en los años 1980 y 1990. Aprovechando un vacío legal, se conformó un esquema en el cual la empresa operaba en rojo en el exterior,  y  pagaba menos impuestos al fisco venezolano de lo que debería. Chávez al ser elegido presentó dos propuestas principales: refundar el país a través de una constituyente bolivariana y revertir la apertura petrolera. El modelo venezolano actual tiene disposiciones jurídicas claras: el Estado venezolano posee los recursos petroleros del país y Pdvsa es el principal operador de cada empresa particular, con una participación mínima de 50%. En la mayoría de los casos hay participación de empresas extranjeras asociadas a Pdvsa, de las supergigantes, así como de empresas estatales y empresas emergentes medianas e independientemente que provienen de las economías más avanzadas. Actualmente operan en Venezuela la norteamericana Chevron, la francesa Total, la noruega Statoil, Repsol de España, Rosneft y Gazprom de Rusia y CNOP y CNOOC de China, junto a más de una docena de empresas de diferentes países.

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Anteriormente era permitida la participación de empresas extranjeras en asociación con la petrolera estatal Pdvsa a través de los Convenios Operativos (campos inactivos, abandonados o en declive), Convenios de Riesgo y Lucros Compartidos y las Asociaciones Estratégicas (para la producción de petróleo ” mejorado ” en la Faja Petrolífera del Orinoco). Después de los cambios en la regulación de 2002, 2005 y 2007, estos contratos tuvieron que migrar a otro formato de asociación, el de Empresas Mixtas. Actualmente,  la creación de Empresas Mixtas con la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP), filial de Pdvsa, es lo que permitió la participación de capital privado (nacional o extranjero) en la industria petrolera venezolana. La participación de CVP en las Empresas Mixtas formadas a partir de los contratos de Convenios Operativos, es de al menos un 51 %, mientras que en el caso de las antiguas Asociaciones Estratégicas, la participación mínima estratégico del CVP en las Empresas Mixtas es del 60 %. El principal ámbito de la producción actual en Venezuela es la Faja Petrolífera del Orinoco, en la que se han formado Empresas Mixtas con compañías extranjeras de diferentes orígenes. Más del 60 % de los aproximadamente 2,8 millones de barriles diarios que produce el país se genera a partir de estas asociaciones con empresas extranjeras. El modelo de Chávez logró la multiplicación de la recaudación fiscal, aumentando la capacidad de acción del Estado en las diferentes áreas. La inversión extranjera, fundamental para aumentar la producción de Venezuela en la década de 1990, será igualmente crucial para aumentar la producción en la Faja Petrolífera del Orinoco, en las próximas décadas.
En el caso brasileño, la apertura en la década de 1990 rompió el monopolio de Petrobras e instituyó el régimen de concesiones, abriendo el mercado a las transnacionales. Este proceso, como en Venezuela, no se limita al sector petrolero. Pero como Brasil tiene una estructura productiva más diversificada e históricamente hubo una política industrial más vigorosa, los sectores más afectados fueron aquellos conexos al sector petrolero. El caso de la industria de la construcción naval, que no produjo nada a finales de 1990, es más representativo. La reanudación de la política industrial desde el año 2003 y el descubrimiento de grandes reservas con bajo riesgo en la exploración en el presal fueron el punto de partida de la legislación de 2010. Fue instituido un régimen de partición para los nuevos contratos, con Petrobras como operador único,  fue creado el fondo social del presal y la empresa PPSA, para coordinar y supervisar los bloques de partición. El nuevo marco permitirá utilizar grandes excedentes para la salud y la educación, como en Venezuela, pero, a diferencia del país vecino, Brasil no prevé la migración de los antiguos contratos hacia el nuevo modelo.
En mi opinión, la preocupación por el presal brasileño debería centrarse en el desarrollo de la política industrial, la dinamización de la cadena de suministros con los requisitos de contenido nacional y el fomento a la innovación. Todo esto con el imperativo de no dejar que las inversiones en otras fuentes energía, especialmente los biocombustibles, sector hidroeléctrico y de energía nuclear  queden relegados, dejando como secundaria de la participación extranjera en el sector. El debate sobre una extracción más lenta de petróleo para garantizar precios más altos en el futuro, es más para Venezuela, que tiene un consumo mucho menor y se reservas mucho mayores que Brasil.
-Con la muerte de Chávez el marzo pasado, se dijo mucho en la prensa internacional sobre una posible desarticulación del chavismo e incluso del ALBA. Haciendo un balance de la era post-Chávez, ¿cuáles son los  principales cambios en este movimiento y en la alianza?
-Hugo Chávez ha sido el venezolano más representativo en los últimos 150 años, solamente comparable con el legado de Simón Bolívar. Probablemente si se realiza una encuesta ella revelaría que Chávez es más conocido en Brasil que Aécio Neves y Eduardo Campos. Un alumno promedio de los mejores cursos de Ciencias Políticas o Relaciones Internacionales es incapaz de mencionar tres ciudades venezolanas o 3 de sus presidentes, pero podría pasar varios minutos, quizás horas hablando de Chávez, presentando su juicio de valor. En toda América Latina es igual, no hay dudas que es más conocido que cualquier líder europeo actual.
En la prensa brasileña parece haber más una fanaticada que un análisis. La portada de la revista más vendida en el país titulaba el día 5 de marzo de 2013: “Hugo Chávez muere, 58 años, y con él el chavismo”. Desde el anuncio del padecimiento se anunciaba que el chavismo estaba dividido en diferentes grupos que se enfrentarían mutuamente. Hasta el momento esto no ha ocurrido. Nicolás Maduro es el primer presidente chavista, y todavía es muy temprano para hacer un balance general de su política, pero no hay dudas de su legitimidad interna e internacional. En su política externa parece haber un interés mayor en las relaciones con China, así como asegurar y reforzar los mecanismos de cooperación como ALBA y Petrocaribe. Esta última garantiza el abastecimiento de petróleo subsidiado a 17 países del Caribe por un valor total equivalente a 1,36% del PIB venezolano. Ningún país del mundo tiene actualmente un programa de cooperación tan grande en términos relativos, que ha sido reafirmado por la gestión de Maduro. A nivel interno, a pesar de las restricciones económicas, ha logrado consolidar su base política y la estabilidad institucional en diversos momentos de dificultad, de la misma forma que Chávez lo hizo en su momento.
Es importante acotar que a pesar de los índices de escasez y de la creciente inflación este año, el poder de compra de un asalariado poco calificado es alto comparado con otros países de la región, debido a los subsidios. Los tres mil bolívares de salario mínimo, sumados a otra serie de reivindicaciones son suficientes para hacer más de dos mil viajes en el sistema Metro de Caracas (1,5Bf); comprar más de 500 kg de azúcar (6,00 Bf/kg) o más de cuarenta latas de leche NAN (80,00 Bf) en un supermercado privado; o inclusive, 150 kg de carne o caraotas en uno público.

Fuente América Economía

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