BCV estimula el ahorro a pesar de la inflación

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A pesar de que la tasa de inflación en Venezuela continúa siendo alta hasta ahora, el Banco Central de Venezuela (BCV) busca estimular el ahorro en el país, para la cual ha puesto a disposición del público, en particular de las personas naturales, un nuevo instrumento de inversión denominado Directo BCV.

El analista financiero José Grasso Vecchio afirma que esa decisión del BCV “podría ser el inicio de una cultura de ahorro en el país, lo cual, por supuesto, pasa por abatir la inflación, fenómeno que atenta contra el ahorro, más bien incita y estimula el gasto”.

“Creo que el BCV está buscando que la gente ahorre más en bolívares, lo cual, a su vez, influye de alguna manera en la reducción de la liquidez monetaria y con ello en la baja de la tasa de inflación”, comenta.

Grasso añade que una alta inflación vulnera una cultura del ahorro, en particular en Venezuela, donde las tasas de interés negativas que obtienen los depósitos de ahorro “siempre han influido de manera adversa en la disposición del venezolano para ahorrar”.

Señala que el ahorro “es un tema en el que hay que insistir mucho, a pesar de que a la gente le resulta difícil ahorrar con tasas de 12,5% y de 14,5% a plazo fijo, por ejemplo”. Empero, considera que el nuevo instrumento de inversión del BCV es una manera “sencilla y expedita para que la gente pueda ver un atractivo en obtener un mejor rendimiento por su dinero, aunque sigue siendo bajo con respecto a la tasa de inflación”.

Instrumento. Directo BCV es un instrumento que obtiene intereses iguales a 16,5% a 90 días y 17% a 180 días; puede adquirirse a través de los bancos con un mínimo de 1.000 bolívares e incrementos de Bs 500 hasta un máximo de Bs 30 mil por cada uno de los dos plazos fijos: 90 y 180 días.

“Creo que hay que generar una cultura de ahorro en el venezolano, pero ello pasa por lograr una inflación de un dígito bajo estable y unas tasas de interés bajas, pero por encima de la inflación”, opina Grasso.

Históricamente, el ahorro en Venezuela se ha hecho difícil. “Si se analiza la economía venezolana de los últimos 30 años, se ve que las tasas de interés pasivas, esto es, las que ganan los ahorristas, han sido negativas casi siempre, salvo algunas excepciones”, dice.

Decisión. Explica que hay dos importantes factores para que las personas tomen la decisión de ahorrar: uno, “que siempre hay espacio para ahorrar si la persona revisa detalladamente sus gastos”; el otro, que “es sano que la persona tenga siempre como mínimo entre tres y cinco salarios suyos ahorrados, lo cual le permitirá atender una emergencia en un momento determinado”.

Asevera que mucha gente piensa que no puede ahorrar, “porque, en general, no hace un presupuesto de ingresos y gastos, además de que no examina de manera detallada sus gastos”. Otras personas no ahorran porque solo pueden hacerlo en cantidades pequeñas o porque las tasas de interés son muy bajas: “No importa lo pequeño que sea el monto que se vaya ahorrando, porque siempre será un auxilio a la hora de alguna contingencia”.

Grasso estima que si el Sistema Cambiario Alternativo de Divisas (Sicad 2) resulta efectivo y se consolida en el tiempo, “la gente va a tener opciones de inversión en bolívares o en dólares, hecho que ya ocurre en la mayoría de los países de América Latina, donde existen las llamadas multicuentas, que son cuentas en divisas o en la moneda local”.

Pérdida de valor. Carlos Jaramillo, profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (Iesa), comparte la necesidad de fomentar una cultura del ahorro; “pero en un ambiente de alta inflación, eso, lamentablemente, no se puede promover porque no se le puede pedir a la gente que coloque su dinero donde pierde valor”. En un ambiente tal, “la gente compra bienes o dólares, va al odontólogo o revisa la cobertura de su póliza de HCM, adquiere artefactos eléctricos, o adquiere casas o apartamentos si cuenta con más dinero”.

Considera una necesidad que las economías tengan niveles de inflación tolerables: “Lo demás es poesía”. Se trata de algo “muy simple y directo: si el rendimiento que le pagan al ahorrista está por debajo de la tasa de inflación, no hay de qué hablar”.

Apunta que, en economías inflacionarias, la gente gasta o invierte su dinero, en caso de que le sobre algo después de cubrir gastos, en “adelantar la compra de bienes que va a necesitar o en hacer reparaciones caseras, por ejemplo, antes de que aumenten de precio”.

El Mundo

 

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