Revolución Energética en Estados Unidos

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Paz energética: un equilibrio duradero y sostenible entre productores y consumidores, comprometido por la descomunal dependencia de Estados Unidos del crudo de ter­ceros productores. Vigilancia imperial para garantizar la vida de los pozos y el transporte de petroleros y metaneros a lo ancho de los mares.

Grandes noticias: EE UU recuperaría su autosuficiencia energética si se cumplen las expectativas sobre la explotación y desarrollo del petróleo no con­vencional (tight oil) y gas de esquisto (shale gas) por el método de la fractura hidráulica (fracking).

Durante un periodo de 20 años, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) pronostica que los menores precios de la energía en EE UU le darían una ventaja competitiva sobre Europa, lo que afectaría a unos 30 millones de trabajadores. En el último número de Economía Exterior,primavera 2014, se intenta verificar la consistencia de estos nuevos y revolucionarios hallazgos.

La AIE estima que Europa perdería un tercio de la capacidad productiva de sus industrias intensivas en energía, a la vez que subraya, por otro lado, que en un futuro muy próximo habrá abundancia de petróleo y una bajada de los precios. El cártel de la OPEP se vería forzado a restringir el ritmo de extracción de crudo para evitar un derrumbe de las cotizaciones. Arabia Saudí recuperaría su condición de regulador del caudal del crudo que llega al mercado, mientras Irak e Irán se resistirán heroicamente a reducir sus cuotas de exportación.

Los pronósticos de la AIE han sido, en múltiples ocasiones, desmentidos por los hechos. De momento, los precios del petróleo siguen elevados. A comienzos del siglo XXI los precios del crudo se mantuvieron entre los 20-40 dólares por barril, pero entre 2004 y 2006 el precio se duplicó hasta los 80, triplicándose en 2008 para alcanzar la cota histórica de 140 dólares por barril. Una serie de perturbaciones políticas en algunos países productores coincidieron con la gran prosperidad de la economía global y la aparición de nuevos y grandes consumidores como China e India.

La crisis económico-financiera frenó la escalada, pero no fue suficiente para vencer la inercia de los consumidores de las economías industrializadas y la creciente demanda de los países en desarrollo. A lo largo de 2013, la media del barril fue de 108 dólares. La demanda mundial sigue tirando y vuelve a ser necesario echar mano de las reservas estratégicas en los países industrializados. En 2014 se estima que el consumo mundial de petróleo ascienda hasta 92,6 millones de barriles al día, es decir, 1,4 millones más que en 2013.

De cara a una recuperación de la economía internacional, y de EE UU en particular, vuelve el riesgo de una su­bida en los precios de los hidrocarburos. Si la inflación asoma se debilitan las posibilidades de recuperación y se hace más acuciante el desarrollo de energías no convencionales. En efecto, gracias a su aportación, la producción de petróleo en EE UU entre 2008 y 2013 aumentó un 50% y la de gas, un 30. La dependencia exterior de petróleo de EE UU regresa a niveles de 1996, mientras la producción de gas de esquisto alcanzó en 2013 el 44% de la producción total de gas, cuando en 2000 era del dos.

Transcurridos 40 años desde la primera crisis del petróleo, la revolución de las energías no convencionales devuelve la esperanza a empresas y ciudadanos sobre un futuro de abastecimientos energéticos estables. La coyuntura reclama esperanza y prevalece sobre los pronósticos catastrofistas del calentamiento de la atmósfera derivado de la quema de combustibles. El crecimiento es prioritario. Ventajas económicas, políticas y estratégicas acallan las críticas contra la agresividad medioambiental de la fractura hidráulica. Son quejas por el consumo de enormes cantidades de agua, necesaria para liberar el petróleo y el gas de las rocas, y que incorpora sustancias químicas tóxicas susceptibles de penetrar en los acuíferos. Quejas contra el metano –gas cuyo efecto invernadero es superior al dióxido de carbono– que escaparía a la atmósfera con el fracking.

Los defensores de las nuevas tecnologías olvidan que las reservas de petróleo convencionales todavía representan –según cálculos de la AIE– las cuatro quintas partes de las reservas totales. El shale oil participa con una quinta. Si el petróleo es un recurso global, el gas es un recurso regional. Sus reservas están muy localizadas: Rusia e Irán poseen un 18% cada uno y Catar, un 13%, mientras que las de EE UU se estiman en el 4,5%.

El crecimiento espectacular de los yacimientos no convencionales en EE UU ha conseguido bajar el precio del gas en el mercado doméstico. En 2008, el gas en América, Europa y Japón se pagaba entre 10 y 12 dólares por millón de unidades térmicas. En 2012, el precio en EE UU había bajado a tres dólares, en Europa se situaba en el entorno de los 10 y en Japón, alrededor de los 16; una ventaja competitiva para EE UU cuyo recorrido, según la Agencia de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) de EE UU, no sobrepasará los 10 años de vida.

 

¿Revolución made in USA?

A partir de aquí se plantean una serie de inquietantes interrogantes. ¿Es extrapolable la revolución americana a otras regiones del planeta, de modo que se altere así la dinámica actual oferta-demanda del sector energético? ¿Es sostenible la revolución de las energías no convencionales en EE UU? La viabilidad del gas y el petróleo no convencionales depende del volumen de las reservas, la capacidad de recuperación de los pozos y, también, la situación financiera por la que atraviesan las empresas extractoras. No deja de ser significativo que Royal Dutch Shell haya anunciado su intención de vender un 50 por cien de los activos que tiene en EE UU relacionados con los esquis­tos. Una operación financiera para provisionar su depreciación. Las dificultades de tesorería son moneda común entre otros productores no convencionales. El flujo de caja, la diferencia entre gastos e ingresos, no cubre el margen de explotación.

En este número de Economía Exterior, la más radical de las opiniones críticas subraya la dificultad para encontrar nuevos yacimientos, a la vez que la recuperación de los actuales aumenta los costes de explotación. El informe de la EIA para 2014 afirma que “el ritmo de perforación previsto es mayor que el de 2013; los productores localizan y perforan las zonas más prometedoras de los yacimientos en explotación”. Ninguna referencia por parte de la EIA al descubrimiento de nuevos yacimientos. La apuesta por los combustibles fósiles no convencionales se reúne con la de los combustibles convencionales en la gran encrucijada donde tropieza la demanda creciente de hidrocarburos y la limitación de las reservas totales.

En un recodo de esta encrucijada encontramos a España, economía dramáticamente dependiente de los suministros de hidrocarburos, con una cuenta exterior elevada provocada por el abastecimiento energético y los altos precios de gas y petróleo en los últimos 10 años. Entre 2003 y 2013 el valor de las importaciones de productos energéticos creció en un 300%, frente al incremento del 105 de las importaciones totales.

La preocupación por el abastecimiento se ha materializado en la construcción de una extensa red de refinerías y plantas regasificadoras que no solo cubren el mercado doméstico, sino que generan importantes excedentes exportables de gasóleo de automoción y gas natural licuado. Los productos energéticos representan el 7% de la exportación española, por encima de las ventas al exterior de frutas y verduras o la suma de calzado y textiles. Los ecologistas mantienen su apuesta por las energías renovables en España.

Política Exterior

 

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