Agenda de crisis

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La guerra por la explotación del esquisto como fuente de energía. La aparición del “fracking”, tecnología para perforar campos de lutitas, entusiasma a países de Europa. Rusia presionó para obstaculizar los proyectos, promoviendo campañas ambientalistas que nunca apoyó.

La situación que confronta el Kremlin no es muy fácil de resolver y retornan dificultades dormidas no sólo con Ucrania, sino con los tártaros y chechenos y los muchos millones de creyentes musulmanes, de antiguas provincias soviéticas que están asentadas alrededor del Mar Caspio, donde hay reservas petroleras casi tan grandes o superiores a las del Medio Oriente.

Sin precisar las cifras, para no cometer errores, después de los embargos petroleros de 1973 y 1978 Rusia comenzó a ejercer una importante influencia en el comercio de los hidrocarburos en Europa y como resultado la comunidad europea está surcada de gasoductos que parten de Rusia y suplen casi la mitad de las necesidades de la región.

Rusia es en la actualidad el mayor productor mundial de petróleo, según la Agencia Internacional de Energía, peleando cada mes por la primacía de extracción contra Arabia Saudita. Los últimos años se han producido intentos de los países europeos para solicitar precios más razonables para el suministro de gas ruso, pero no lo han logrado. Rusia no ha cedido debido a que el petróleo y el gas constituyen su principal ingreso, y mucho más de la mitad de las divisas que genera al país.

La aparición del “fracking”, la moderna tecnología para perforar los campos de lutitas, desató un fuerte entusiasmo en países de Europa que tienen grandes reservas de esas reservas petroleras no convencionales, y Rusia utilizó recursos y presiones para obstaculizar los proyectos apoyando las campañas ambientalistas que nunca había apoyado en el pasado.

El segundo problema dentro del área energética que afecta a Rusia, es el impulso de la explotación petrolera y gasífera de EEUU en los últimos 4 años, lo que lo ha convertido en el mayor productor y exportador de productos derivados de hidrocarburos, con un énfasis muy importante en el gas.

EL GAS COMO TEMA SENSIBLE
Ya Estados Unidos está en capacidad teórica de exportar a Europa gas suficiente para sustituir parcialmente el gas ruso, y a precios más bajos, ya que se han implantado tecnologías modernas que lo transportan en “metaneros” a cualquier puerto del mundo. La infraestructura posterior es “pan comido”.

En los encuentros que se han realizado entre la Unión Europea y Estados Unidos, en relación a la crisis de Ucrania, ya se puso en la agenda el gas como un tema sensible y el papel que podrá desarrollar Estados Unidos, cuya producción se incrementa velozmente, para salir en ayuda de la Unión Europea. Washington ya hizo oficialmente la oferta a Bruselas.

Los que están más entusiasmados son las empresas petroleras y gasíferas, que hacen un fuerte cabildeo para derribar o modificar una ley que data de 1973, cuando se prohibió a las empresas estadounidenses exportar gas y petróleo producido en Estados Unidos, por la escasez que confrontaban.

La reacción de esa fecha era lógica, porque EEUU estaba produciendo menos de 4 millones de barriles diarios y la misma se había derrumbado. Muchos años después y con nuevas posiciones y apariciones de más de una decena de países emergentes y los gigantes indio y chino haciendo fuerte presión para perforar el predominio americano, hay otra jugada que es más cósmica.

Se trata de una múltiple alianza que cocinan Europa, Estados Unidos y Japón, y donde incorporarán en América del Sur a México, Colombia, Chile, Perú y dos o tres gigantes asiáticos, incluyendo a Vietnam y Malasia, para crear un superbloque comercial, que por supuesto les gusta a los países asiáticos para competir contra China.

Dentro de esta agenda ya Estados Unidos visitó la semana pasada a Japón, y anunció que en relación al conflicto del Mar de China, apoyaría a Japón contra China. Esta semana el primer ministro de Japón inició una visita de un mes por varios países europeos en misión comercial.

Los precios del gas en la comunidad europea generan una situación activa hace muchos años. Los países que estaban en la Cortina de Hierro, o la llamada Europa del Este, recibían precios preferenciales o subsidios.

Para finales de los años 90, con la caída del Muro de Berlín, la situación cambió en algunos países, y paralelamente con la creación de la unidad europea y del euro crearon el segundo mercado más importante del mundo, que Estados Unidos y Asia quieren conquistar.

El conflicto de Ucrania con Rusia está reviviendo viejas rencillas políticas, que datan de la extinta Unión Soviética, por el suministro de gas a Kiev y además de que por su territorio cruza el gas que va a otros países europeos.

Pero Rusia también es un país petrólero, y a partir del 2013, en base nominal a las cifras de PIB, se ha convertido en la octava economía del mundo, con cifras de 2 millardos de dólares. Los rusos disfrutan de los mayores PIB per cápita entre los países del BRIC.

Un asunto vital es que las exportaciones rusas de hidrocarburos son de alrededor de 600.000 millones de dólares anuales, lo que significa que Rusia es muy susceptible a las crisis petroleras y los precios del petróleo.

TalCualDigital

 

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